Mi primera experiencia en drogas
El fin de semana pasado tuve mi primera experiencia como testigo directo del consumo de drogas.
Aunque lo he visto miles de veces en televisión, debo confesar que al verlo “con mis propios ojos” y a plena luz del día, en “Manganagua”, se apoderó de mi una sensación de amargura, desesperanza, rabia, enojo, furia, pena, dolor, tristeza e irritación, todo mezclado con innumeras preguntas que coincidían en el porqué de esta maldita enfermedad social, que hace sucumbir a nuestros jóvenes, quienes en teoría son los responsables de un futuro mejor para mi patria, para mis hijos.
Aunque resido en un sector populoso, nunca había visto a dos jóvenes inhalar cocaína o ninguna otra droga. La sensación y la experiencia fue frustratoria y de inmediato pensé en la irresponsabilidad de los padres, del Gobierno y de toda una sociedad que se ha “confabulado” para que todo marche de mal en peor.
Fue amargo, ácido, agrio y picante ver como un jovencito, con cuchara en mano, ayudaba a otro un poco mayor a “tragarse” por sus narices un polvo blanco que inmediatamente cambió su conducta.Venía de visitar una amiga de la familia.
Andaba con mi hijo mayor que apenas tiene cuatro años. Iba saliendo por un callejón sólo con mi vástago y allí estaban aquellos dos “desdichados”. Cuando los vi me detuve cinco segundos; intenté retroceder para buscar mis otros acompañantes a quienes dejé detrás, pero proseguí mi camino. Le pasé muy cerca porque el camino es estrecho. Caminé con mi hijo agarrado de manos y estoy seguro que él ni se enteró de aquella desagradable experiencia. Yo me encargué de que no supiera que estábamos en medio de una de las más amargas experiencias que tiene nuestra sociedad.
En sólo cinco segundos pensé tantas cosas: en mi hijo, en la sociedad, en los padres irresponsables, en los organismos estatales encargados de evitarlo y los que tienen la responsabilidad de castigarlo; en los policías corruptos, en los políticos, en las iglesias, los vecinos que no dicen nada por temor a represalia; pensé en todo.
Esto es lo que provoca que jóvenes esclavos del vicio tengan que atracar, robar, estafar, asaltar, matar y hacer lo que sea para conseguir el dinero que costeará su modo de vida.
Esa maldita experiencia también me deja una lección: educar mis hijos con una fuerte base familiar para que mañana, cuando deban enfrentarse a la cruda realidad de la vida, puedan tener fuerzas suficientes para decir “NO”.

cada uno tiene derecho a elegir su vida y a elegir las cosas q les gustan ya sean buenas o malas las consecuencias las pagara uno mismo, no juzges y marques con el dedo porq yo tambien pensaba en la sociedad y hoy soy un fiel consumidor de drogas.no sabes las vueltas de la vida , talves mañana seas vos el señalado.
con respecto a las drogas no es que favoresco su consumo la droga hace mal, pero hay gente q prefiere vivir el presente y no piensa en futuras consecuencias (ADICCIONES Y OTROS PROBLEMAS Q TRAEN ESTAS SUSTANCIAS) pero el hecho es que cada uno tiene derecho a ser libre de hacer lo que quiera con su cuerpo,mientras no perjudique a terceros