Muerto el perro…

No soy cruel por decir que a los ladrones o rateros hay que desaparecerlos. No estoy prohijando la violación de los derechos humanos, porque son precisamente estos abortos de la sociedad quienes primero violan mi derecho, tu derecho, el derecho de todos. Quien se aprovecha de mi tranquilidad en las noches para robarme lo que con tanto sacrificio he logrado no merece mi perdón; no merece que le rompa una rodilla y dejarlo vivo: merece un pasaje de ida a otra dimensión por haber violado mis derechos a vivir en paz.
Que me perdonen los “derechos humanos”, pero los familiares del joven muerto la semana pasada, en Los Ríos de esta Capital, no creo que querrían otra cosa que no fuera la muerte para los desalmados que le segaron la vida a su familiar. Era un joven que estaba finalizando sus estudios y con planes de aportar a la patria.
Creo que a los delincuentes se les ha dado todas las oportunidades para que rectifiquen sus actuaciones. Robar no es cosa de ayer, y sin ánimo de ser pesimista, no acabará mañana. Sin embargo, creo que la única alternativa para disminuir la delincuencia es “muerto el perro se acabó la rabia”. Cuando un ladrón se mete a su casa va a dos cosas: a robar o a matar. ¿Qué haría usted si ve que un ratero se está metiendo en su casa a las tres de la mañana y tiene la oportunidad de hacer algo? La respuesta podría ser diferente en cada caso, pero el objetivo es el mismo: ajusticiarlo. Si el ladrón se da cuenta que usted lo vio no espere que él estará dispuesto a perdonarlo y huir sin agredirlo. Simplemente él lo matará para cubrir su identidad.
En estos días hemos sido testigos de hechos de delincuencia que nos indican que el auge de este mal social, el cual nos mantiene en vilo, es cada día más serio. Nos da miedo hasta tener los cristales abajo cuando nos trasladamos en nuestros vehículos o tener las puertas de nuestras casas abiertas pues ni la tranquilidad hogareña es respetada.
Imagínese que su hija de diez años es violada por un desgraciado. Piense un solo momento cuál sería su reacción si encuentra un maldito abriendo una ventana de su casa a las dos de la mañana. Deténgase un instante si ve que un malévolo está sacándole los electrodomésticos de su hogar. Dele mente si usted es asaltado y la impotencia no le permite hacer nada. A cualquiera puede tocar estar en una de estas situaciones.
En cualquiera de las situaciones descritas se están violando los derechos de humanos. Quien lo causa no merece respecto de sus “derechos”. Si pusiéramos una cuota mensual de menos ladrones y delincuentes tendríamos menos robos, asaltos, atracos, violaciones y cualquier otro hecho que viole los derechos humanos que todos tenemos.
A los delincuentes hay que matarlos porque es injusto que un maldito que tenga 10 ó 20 fichas delincuenciales llegue a la cárcel y tengamos que mantenerlos con el dinero que pagamos de impuestos. No estoy de acuerdo con que un asesino, violador, atracador, traficante, asaltante o quien sea que comete un delito mayor sea mantenido con el dinero de mis impuestos. Las cárceles sólo deberían ser para personas que cometan delitos menores con posibilidad de regeneración. Si alguien mata de manera accidental o por defensa propia no es un criminal y en este caso la justicia debe actuar.
Hoy los delincuentes están más seguros de que la impunidad es su mejor aliada. Si yo encuentro a un ladrón en mi casa, y tengo la posibilidad de defenderme, tomo la justicia por mis manos. Nadie tiene derecho a violar mis derechos y el de mis hijos.

Estoy de acuerdo, a los ladrones y delincuentes sin esperanza de salvación deben ser tratados como perros con rabia…